Herois de novel·la representants del nostre temps

Literats i periodistes. Balzac, Les il·lusions perdudes

El Jove de Províncies

El héroe que define tales novelas puede ser llamado el Joven de Provincias. No es necesario que venga de provincias en un sentido literal; su clase social puede constituir su provincia. Pero un nacimiento y crianza provincianos sugieren la simplicidad y las grandes ilusiones con que empieza. Comienza haciendo una gran demanda a la vida y maravillándose grandemente de la complejidad y promesa que ella entraña. Es inteligente, o por lo menos despierto, pero de ningún modo astuto en los asuntos mundanos. Debe haber adquirido alguna educación; puede haber aprendido en los libros algo sobre la vida, aunque no la verdad.

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De tal modo, provisto de pobreza, orgullo e inteligencia, el Joven de Provincias se encuentra al margen de la vida e intenta penetrar en ella. Este héroe moderno está relacionado con los cuentos populares. Habitualmente el suyo es el legendario motivo del que inicia la búsqueda de la fortuna, que es lo que la narración popular relata cuando afirma que el héroe se busca a sí mismo.

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Por lo tanto, la historia del Joven de Provincias es extraña, pues arraiga a la vez en la leyenda y en el corazón mismo de la realidad moderna. De ella hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos sobre la sociedad moderna, el rango social y sus extraños ritos, sobre el poder y la influencia y sobre el dinero, arduo fluido en que se desenvuelve la sociedad moderna. No obstante, a través de la sólida evidencia social, fluye la hebra del romance legendario, hasta la magia más completa. Observemos, por ejemplo, que el novelista parece sentir la necesidad de obrar una transformación. Cierta mano ilustre y poderosa debe descender hacia el mundo de rutina aparentemente inmutable, escoger el héroe e introducirlo en su complejo y arriesgado destino. Pip se encuentra con Magwitch en el marjal, un padrino felón [Dickens, Great Expectations]; Pierre Bezuhov inesperadamente hereda la fortuna que le permite hacer su paso por la sociedad rusa [Tolstoi, Guerra y paz]; poderosas fuerzas invisibles actúan en torno a la orgullosa cabeza de Julián Sorel para hacer posible su sorprendente carrera ascendente [Stendhal, Le rouge et le noir]; Rastignac, sólo por ser uno de los huéspedes de la Maison Vauquer, que también cobija al gran Vautrin, se desplaza hacia el mismo centro de la intriga parisina [Balzac, Le père Goriot] (...) Desde los últimos años del siglo XVIII hasta los comienzos del siglo XX, la estructura social de Occidente se hallaba peculiarmente adecuada –podría decirse trazada- para cambios de fortuna que eran mágicos y románticos. La naturaleza de la clase alta era suficientemente vigorosa como para que resultara notable que un joven cruzara la frontera, pero bastante inestable como para permitir el cruce en casos de excepción. Un muchacho negligente, muerto de hambre y menesteroso, se convirtió en la admiración de la aristocracia francesa, y Europa le permitió manejar sus concepciones en todos los aspectos de la vida: Jean Jacques Rousseau es el padre de todo Joven de Provincias, incluido el de Córcega.

Lionel Trilling, «The Princesa Cassamassima», en La imaginación liberal, Edhasa, Barcelona, 1971, pp. 78-81(1948)

Darrera actualització de dimarts, 9 de febrer de 2010 09:04