Herois de novel·la representants del nostre temps

L’artista, el marxant i el crític. Zola, L’Obra

La evolución social y las ciencias de la cultura: Darwinismo social, eugenesia y raza

Todo el mundo estaba de acuerdo en que los problemas de degeneración que abordaba la eugenesia florecían, sobre todo, en las grandes ciudades. Era principalmente entre las poblaciones pobres, semicriminalizadas o criminales, las «clases peligrosas»y entre los vagos donde se encontraban las enfermedades hereditarias y la degeneración moral, en lugar de encontrarse en, pongamos por caso, la endogamia de comunidades rurales aisladas. Los campesinos, según esta retórica, tendían a ser recios, aunque no invariablemente, por ejemplo en las novelas de Emile Zola (1840-1902). Pero el énfasis y los objetos de mayor preocupación tendían también a variar de un país a otro, en parte por razones demográficas. (...)

Había un tipo lamarckiano de preocupación eugenésica además de un tipo darviniano, lo cual no quiere decir que la distinción entre los dos fuese clara. En un contexto determinado principalmente por el lamarckianismo, las denuncias de las malas condiciones ambientales, esencialmente las de la gran ciudad, no competían con las explicaciones hereditarias del debilitamiento o el embrutecimiento; vistos como degeneración, las dos cosas iban juntas. Como señala Nye, se aceptaba que, una vez se empezaba mal, cabía esperar, en términos lamarckianos, que la secuencia degenerativa siguiera descendiendo sin interrupción; la adaptación a las malas condiciones hacía que la gente empeorase; las adaptaciones malignas se heredaban y cabía esperar que sus portadores hicieran o encontrasen un entorno social todavía peor para sí mismos y sus vástagos, y así seguían descendiendo por la escala de la degeneración hasta terminar en el asilo o en la guillotina. Este es el hilo que subyace en la secuencia de novelas de Zola que tratan de aquel equivalente a finales del siglo XIX de la casa de Atreus, la familia Rougon-Macquart, sobre cuyos miembros la generación hereditaria proyectaba su espantosa sombra. El compromiso con el naturalismo en la literatura, cuya figura principal era Zola, era en cierto sentido un equivalente ficcional del determinismo de Taine, aunque el mismo Zola señaló el ejemplo del tratado de Claude Bernard sobre el método experimental en la ciencia, y dijo que su propia novela, Teresa Raquin (1867) era un experimento con dos temperamentos psicológicos que se juntaban y llevaban a sus consecuencias inevitables.

John W. Burrow, La crisis de la razón. El pensamiento europeo 1848-1914, Crítica, Barcelona, 2001 (2000), pp. 144-145

Darrera actualització de dimecres, 10 de febrer de 2010 00:56