Herois de novel·la representants del nostre temps

L’artista, el marxant i el crític. Zola, L’Obra

L’ambigüitat de la bohèmia

(El sociòleg Bourdieu reflexiona sobre les contradiccions socials de la bohèmia i assenyala similituds i diferències entre la bohèmia del període romàntic i la de la generació realista de 1848, retratada per Flaubert a L’educació sentimental)

Realidad ambigua, la bohemia suscita sentimientos ambivalentes incluso entre sus más encarnizados defensores. En primer lugar porque se opone a la clasificación: próxima al «pueblo», cuya miseria comparte a menudo, está separada de él por el arte de vivir que la define socialmente y que, aun cuando se enfrenta ostensiblemente a las convenciones y las conveniencias burguesas, la sitúa más cerca de la aristocracia y de la alta burguesía que de la pequeña burguesía formal, especialmente en el orden de las relaciones entre los sexos donde experimenta a gran escala todas las formas de la transgresión, amor libre, amor venal, amor puro, erotismo, que en sus escritos convierte en modelos. Y ello no resulta menos cierto en lo que atañe a sus miembros más desvalidos, que, asentados en su capital cultural y en su naciente autoridad como taste makers, consiguen garantizarse a muy bajo costo los audaces atuendos, las fantasías culinarias, los amores mercenarios y los placeres refinados que «los burgueses» tienen que pagar a alto precio. Pero además, incrementando con ello su ambigüedad, la bohemia cambia incesantemente en el curso del tiempo a medida que crece numéricamente y que su prestigio o sus espejismos atraen a esos jóvenes de extracción provinciana y popular, que hacia 1848 dominan la «segunda bohemia»: a diferencia de los dandis románticos de la bohemia dorada de la rue du Doyenné, la bohemia de Murger, Champfleury o Duranty constituye una auténtico ejército de reserva intelectual, directamente sometido a las leyes del mercado, y con frecuencia obligado a ejercer una segunda profesión, a veces sin relación directa con la literatura, para poder vivir un arte que no puede hacerla vivir.

De hecho, ambas bohemias coexisten, pero con pesos sociales diferentes según las épocas: los «intelectuales proletaroides», a menudo tan pobres que, al tomarse como objeto a sí mismos, de acuerdo con la tradición de las Memorias románticas a la Musset, inventan lo que se llamará el «realismo» y cohabitan, no sin enfrentamientos, con burgueses descarriados o desclasados que poseen todos los atributos de los dominantes menos uno, parientes pobres de las grandes dinastías burguesas, aristócratas arruinados o en declive, extranjeros o miembros de minorías estigmatizadas como los judíos. Estos «burgueses sin un real», como dice Pissarro, o cuya renta sólo alcanza para financiar una empresa a fondo perdido, están de alguna manera ajustados de antemano, en su habitus doble o dividido, a una posición en falso, la de los dominados entre los dominantes, que les condena a una especie de indeterminación objetiva, por lo tanto subjetiva, nunca tan manifiesta como en las fluctuaciones simultáneas o sucesivas de sus relaciones con los poderes.

Pierre Bourdieu, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario, «La conquista de la autonomía. La fase crítica de la emergencia del campo», Anagrama, Barcelona, 1995, pp. 92-93

Darrera actualització de dimecres, 10 de febrer de 2010 00:56