Herois de novel·la representants del nostre temps

L’artista, el marxant i el crític. Zola, L’Obra

 Reflexions de Van Gogh a Arles

Justo ahora estoy trabajando en un estudio de barcazas vistas desde el malecón: dos barcazas de un rosa violáceo, el agua es verde brillante. Sin cielo. Una bandera tricolor en el mástil. Un obrero descargando arena con una carretilla. He hecho también un dibujo.

Temo que no podré disponer de un bello modelo de mujer. Ella me lo había prometido. Después, según parece, ha ganado algunos céntimos yendo de juerga y tiene algo mejor que hacer.

Era extraordinaria: una expresión como la de un Delacroix, y un aire primitivo e insólito. Acepto ls cosas con paciencia, a falta de otros medios para soportarlas, pero es irritante esa continua contrariedad con las modelos. Espero hacer estos días un estudio de adelfas. Si uno pintara relamido como Bouguereau, la gente no tendría vergüenza en dejarse pintar. Pero yo creo que pierdo modelos porque les parece que está mal hecho, que no son más que cuadros embadurnados de pintura lo que yo hago. De modo que esas buenas putas tienen miedo de comprometerse y que se burlen de su retrato. Uno se siente al borde del desaliento cuando ve que podría hacer tantas cosas, si la gente tuviera mejor disposición. No me resigno a decir «las uvas están verdes»; no me consuelo por esta falta de modelos.

En fin, debo tener paciencia y buscar otras.

Si de joven uno puede creer que, trabajando con asiduidad, llegará a cubrir sus necesidades, actualmente eso resulta cada vez más dudoso. Le repetía a Gauguin en mi última carta que, si pintábamos como Bouguereau, podríamos esperar una ganancia; pero que el público no cambiaría nunca, sólo le agradan las cosas suaves y lisas. Con un talento más austero, no se puede contar con el producto de su trabajo; la mayoría de las personas lo bastante inteligentes para comprender y apreciar los cuadros impresionistas, son y seguirán siendo demasiado pobres para comprarlos. ¿Vamos Guaguin y yo a trabajar menos por eso? No; pero estaremos obligados a aceptar la pobreza y el aislamiento social como una decisión ineludible. Entonces, para empezar, instalémonos allá donde la vida cueste menos. Mejor si el éxito llega, mejor si un día nos encontramos en la holgura.

Lo que me llega más al alma en La Obra de Zola es su personaje de Bongrand-Jundt: ¡Es tan cierto lo que dice!: «¿Creéis vosotros, infelices, que cuando el artista ha acreditado su talento y conquistado su reputación, ya está cubierto de todo? Al contrario, entonces está obligado en lo sucesivo a producir tan sólo obras perfectas. Su misma reputación le obliga a cuidar tan excesivamente su trabajo, que las oportunidades de venta se vuelven muy raras. Al menor signo de debilidad, toda la jauría celosa le cae encima y destruye precisamente esa reputación y la fe que momentáneamente tuvo en él un público cambiante y pérfido».

Van Gogh, Cartas a Theo, Paidós, Barcelona, 2004, pp.281-283

Darrera actualització de dimecres, 10 de febrer de 2010 00:56