Herois de novel·la representants del nostre temps

Dones entre l’emancipació, l’adulteri i la prostitució. La qüestió del gènere. Flaubert, Madame Bovary

Flaubert: contrastos, ironia, muntatge i teatralitat

(Harry Levin analitza el contrast entre el vulgar i el sublim a Madame Bovary i explica com es va construir el capítol dels comicis agrícoles, II, viii)

Pero el adulterio acaba por reafirmar la «monotonía del matrimonio» y ninguno de los dos estados enseña a Emma el signficado de «las palabras que parecían tan hermosas en los libros: “felicidad”, “pasión” y “embriaguez”». Aquí incluso más explicitamente que en Don Quijote, el lenguaje es esencial; el malentendido básico, al ser verbal, se ve regulado por el flujo y el reflujo de la prosa de Flaubert; y su retórica se expande continuamente en pasajes hinchados que son acto seguido deshinchados por la ironía.

(...)

Si en algún momento nos olvidamos de que el libro es acerca de una pareja mal avenida, nos lo debería recordar la manera como las frases se vuelven sobre sí mismas y los episodios se oponen unos a otros. Los dos puntos culminantes de la primera parte, los capítulos cuarto y octavo, establecen un contraste significativo entre el campesinado y la aristocracia. Los colores chillones de la boda rústica, el tosco corte de pelo de los granjeros, los largos vestidos de comunión de las muchachas, las bromas bulliciosas y la comida sustancial a la manera de Brueghel, se ven compensados intencionadamente por la gran fastuosidad del castillo, donde los majestuosos bailarines exhiben «la complexión de la riqueza, esta hermosa complexión que se ve resaltada por la palidez de la porcelana, los reflejos del raso, el barniz de los buenos muebles». (...) Las dos corrientes antitéticas se yuxtaponen en los dos capítulos centrales del libro, donde la exposición agrícola tiene lugar en la plaza pública mientras Rodolphe flirtea con Emma en la privacía del desértico ayuntamineto neoclásico. Los requerimientos amorosos tienen su contrapunto en las vulgaridades burocráticas de los oradores políticos en el exterior (...) Flaubert construyó esta escena escribiendo diálogos continuos para los dos grupos de personajes, que luego descompuso y ordenó de nuevo de acuerdo con la disposición general que la situación requería. De esta manera consiguió esta interacción de elementos contrastantes que es aún más acentuada en la tercera y última parte del libro, sobre todo en la catedral y el lecho de muerte. Dijo a Louise Colet que el método de Madame Bovary iba a ser más biográfico que dramático. Sin embargo, la biografía parece ramificarse en drama en todos los momentos cruciales de la trayectoria de Emma; y éstos, a su vez, proporcionan a la novela sus siete u ocho escenas culminantes, varias de las cuales son claramente teatrales o, por lo menos, ceremoniales. La relación con el resto del libro, y con su intención ambivalente, puede inferirse a partir de esta observación del autor de que «el diálogo debería escribirse en el estilo de la comedia, la narración en el estilo de la épica». La épica burlesca sería probablemente una clasificación más exacta del tono de Flaubert, en cuanto se distingue de las diversas inflexiones que reproduce, y se ve suavizada por los interludios líricos en los que se identifica con Emma. Los diversos hilos contrastantes del discurso están tan tupidamente entretejidos que la textura resulta uniformemente rica, aunque cambia de un capítulo a otro. Cada uno de ellos hace avanzar un nuevo paso la narración, se apunta un nuevo tanto y capta un nuevo ambiente, como lo hace un relato corto bien escrito en manos de los innumerables imitadores de Flaubert.

Harry Levin, El realismo francés (Stendhal, Balzac, Zola, Proust), Laia, Barcelona, 1974 (1963), pp. 318-320

Darrera actualització de dijous, 9 de febrer de 2012 10:36