Herois de novel·la representants del nostre temps

Dones entre l’emancipació, l’adulteri i la prostitució. La qüestió del gènere. Flaubert, Madame Bovary

Identitat i transició d'un narrador en primera persona del plural

(Vargas Llosa analitza tradició i innovació en el narrador de Madame Bovary)

Un narrador-personaje plural: el misterioso «nous» ¿Quién es el narrador que, emboscado tras la primera persona del plural, inicia el relato? Se trata de alguien que está allí, que forma parte del mundo narrado. Se encuentra en esa clase a la que llega Charles precedido por el director del colegio, oye y sin duda comete las burlas con que los alumnos reciben al peronaje provinciano; más tarde convive con él los años que éste pasa en el colegio (…) No cabe duda, quien habla ha sido algo más que un observador: un participante activo, un cómplice, un personaje de la historia. Este punto de vista espacial –el narrador instalado dentro del mundo narrado-, tan antiguo como la novela, parece elegido por un prurito de realismo, para apuntalar la verosimilitud de lo contado. Así ocurre en la novela picaresca, donde el protagonista cuenta su propia vida; el relato alcanza mayor grado de certeza porque lo refiere un testigo privilegiado, alguien que cuenta con conocimiento de causa: estuve ahí, me consta, viví lo ocurrido. La narración adopta el semblante de un testimonio histórico. Pero aquí las cosas no suceden de la misma manera. Ese habitante del mundo narrado no habla de sí mismo sino de otro, de otros, de todos los demás salvo él. Está ahí y no lo vemos, es sólo un punto de referencia, una visión y una memoria que transmite lo que vio y supo en cierto momento, sin ponerse en evidencia. Su identidad es misteriosa no sólo por su reserva en lo tocante a su persona, sino porque habla desde el plural, lo que quizá indica que no es uno sino varios personajes. Podría tratarse de un narrador colectivo: el nous del primer capítulo encubre, tal vez, al conjunto de alumnos del colegio o a un grupo de ellos. Pero también puede ser uno de estos alumnos que utiliza el plural por modestia y voluntad de anonimato. Esta incertidumbre es esencial al narrador-personaje que abre la historia; se nombra sólo siete veces, todas en el primer capítulo y luego desaparece para no retornar. Este punto de vista espacial, en el que no hay distancia alguna entre el narrador y lo narrado, inaugura la novela estableciendo una cercanía entre el lector y el relato; durante todo el cuadro primero –la llegada de Charles a la clase, las burlas, el episodio dela casquette, el castigo que impone el profesor-, en que el narrador personaje plural es la perspectiva dominante, parece que se va a leer una confidencia, una autobiografía. Al mismo tiempo, la vaguedad del narrador –que está ahí pero no se muestra, que se limita a hacer saber que es ciudadano del mundo ficticio- provoca una curiosidad paralela a la que despierta lo que va contando. Además de dar, conforme a la función tradicional del narrador-personaje, una impresión de verismo, el narrador inicial de Madame Bovary, por la forma gramatical tras la que se oculta, contagia a la materia narrativa de cierto misterio, la rodea de un aura inquietante. La niebla que envuelve al narrador-personaje plural facilita su sustitución: se desvanece y no se nota porque ya era casi invisible.

Mario Vargas Llosa, La orgía perpetua, Bruguera, Barcelona, 1978, pp. 166-167

Darrera actualització de dijous, 9 de febrer de 2012 10:36